La agricultura antes de la colonia
Los primeros agricultores
La agricultura comienza, en el territorio hoy conocido como el Paraguay, con el arribo de los guaraníes a estas tierras, a principios de la era cristiana.
Este pueblo, procedente de la región central de Sudamérica, trajo consigo la cultura del cultivo, lo cual es un verdadero adelanto, desconocido hasta entonces por los protopobladores o habitantes más antiguos de la zona, quienes se encontraban en un estadio de desarrollo social y civilizatorio inferior, predominantemente paleolítico. Al momento de su llegada, los guaraníes ya eran hábiles cultivadores del suelo y sus costumbres marcaron el inicio de la cultura neolítica en este territorio. 
La llegada de los guaraníes
Los guaraníes son originarios de la zona del Amazonas en el Brasil. Migraron hacia distintas zonas, entre ellas al sur, en dirección al actual territorio paraguayo. Las razones de esa migración habrían sido la huida de un cataclismo natural, así como también el aumento gradual de su población y la consecuente necesidad de buscar nuevas tierras.
En opinión del estudioso de la culura guaraní Bartomeu Melià, “los movimientos de migración, originados en la cuenca amazónica, se habrían intensificado motivados tal vez por un notable aumento demográfico, en una época que coincide con el comienzo de nuestra era, hace unos 2.000 años. Esos grupos que conoceremos como los guaraníes pasaron a ocupar las selvas subtropicales del Alto Paraná, del Paraguay y del Uruguay medio. Los indios que así se trasladan en busca de nuevas tierras no son nómadas; son agricultores que saben explotar eficazmente esas tierras de selva, cuyos árboles derriban y queman y en la cual plantan maíz, mandioca, legumbres y muchos otros cultivos. Son también hábiles ceramistas, cuyos artefactos necesitan para preparar y servir sus alimentos”. (1)
Por su parte, José Zanardini, gran conocedor y defensor de las culturas indígenas del Paraguay, dice que los últimos estudios realizados hablan de un cambio drástico en la naturaleza que obligó a los guaraníes y a otros habitantes de la zona del Amazonas a migrar en esa época, para ir en búsqueda de otras tierras para cultivar y cazar.

“Hacia el 2000 a. de C.” -relata Zanardini- “se había producido una catástrofe natural en esa zona del continente americano. Estudios señalan la existencia de un dramático cambio ecológico en la región al sur del río Amazonas que dio como resultado la invasión de la ecología de sábana aniquilando prácticamente a la selva tropical. Estas alteraciones obligaron a los pueblos de cultura neolítica a salir en búsqueda de nuevas tierras que fueran aptas para su tradicional pauta cultural: el cultivo y la caza. Fueron numerosos los pueblos del ámbito original amazónico que iniciaron grandes migraciones, especialmente los pueblos pertenecientes a dos grandes familias lingüísticas: arawak y tupí-guaraní”. (2)
Los guaraníes y los protopobladores
Los guaraníes provienen de los denominados “amazónicos” originarios de las cuencas de los grandes ríos Amazonas y Orinoco. A diferencia de los guaraníes, los habitantes más antiguos de esta zona del continente, los protopobladores, descendían de los racialmente denominados “láguidos”, originarios de la Melanesia y quienes habrían llegado al continente por vía terrestre. Estos habitantes eran de cultura paleolítica, usaban utensilios característicos de piedra, y pertenecen a la familia lingüística kain-gang-gé. (3)
Zanardini explica así este proceso: “Los guaraní amazónicos habrían invadido la zona de los kain-gang-gé en el primer milenio d.C., desplazando a los protopobladores láguidos. El tema era la tierra: ocupar tierras más fértiles. Así los protopobladores guaraní amazónicos desplazaban a los kaingang y se instalaban en lo que es ahora la parte oriental del río Paraguay”. (4)
El estudioso señala que también se produjeron desplazamientos de pobladores láguidos en la zona de los ríos Apa y Aquidabán, presionados por las nuevas migraciones amazónicas. Estas poblaciones láguidas fueron después guaranizadas por los itatí-guaraní, pasando así a una cultura neolítica. “En la cordillera del Amambay, los protopobladores vivían en cuevas donde dejaron incisiones rupestres de hace aproximadamente 7.000 años atrás, aún hoy visibles”, agrega Zanardini. (5)
Branislava Súsnik y Miguel Chase Sardi, importantes analistas de esta época de la prehistoria paraguaya, describen algunas experiencias de los protopobladores con cultivos, aunque mínimas, comparadas con el desarrollo más sistemático de los guaraníes ya como auténticos representantes de la cultura neolítica.
Los láguidos de esta área “habrían practicado pequeñas plantaciones-recolecciones de túberos como un complemento subsistencial de caza. Los kaigang históricos y también guaranizados aché-guayakí suelen evocar la tradición del antiguo cultivo de una especie americana de dioscorea, en su origen una planta selvática con túberos comestibles, abundante en el área geográfica del Paraguay y del Brasil. Trataríase de una domesticación autóctona en el período paleolítico, anterior a la tradición del complejo cultural neolítico”, señalan. (6)
La Tierra sin Mal
Como bien señala Melià, no se puede hablar de los guaraníes sin hacer referencia a su búsqueda de la “Tierra sin Mal”, objeto de estudios no solo antropológicos, sino también tema de sociólogos, historiadores, teólogos y poetas. (7)
Súsnik resalta en los guaraníes prehistóricos su dinamismo poblador, su “ogwatá-andar” migratorio siempre en búsqueda de “tierra buena, nueva” para el cultivo. (8) Los guaraníes operan en un amplio radio de acción, migran eventualmente a regiones muy distantes y se mueven dentro de una misma zona, aunque no son propiamente nómadas, sino colonos dinámicos, según explica Melià. (9)
“Los guaraníes ocupan tierras con características ecológicas muy constantes; de hecho, ocupan las tierras más aptas para sus cultivos de maíz, mandioca, batata, porotos y calabazas. Esas tierras ofrecen un horizonte ecológico bastante bien definido, cuyos límites difícilmente son quebrantados. Se puede hablar con mucha propiedad de una “tierra guaraní”, que raramente se desmiente”, explica el antropólogo.
Agrega que los guaraníes “escogieron climas húmedos, con una temperatura media entre 18 y 22 °C, se localizaron a orillas de ríos y lagunas, en lugares que no exceden los 400 metros sobre el nivel del mar, habitando bosques y selvas típicas de la región subtropical”. (10)
Melià destaca que la tierra no es un factor inflexible ni inmutable, y que si bien la tierra propone condiciones, es el guaraní quien “hace” su tierra.
“La tierra guaraní vive con los guaraníes que en ella viven. La ecología guaraní no es solo naturaleza ni se define por su valor exclusivamente productivo. Con una expresión que le es muy característica, el Guaraní se refiere a su territorio como tekoha; ahora bien, si el teko es el modo de ser, el sistema, la cultura, la ley y las costumbres, el tekoha es el lugar y el medio donde se dan las condiciones de posibilidad del modo de ser guaraní”, sostiene. (11)
“Es esta la tierra buena que el guaraní, caminante, horticultor y aldeano, ha procurado incansablemente para en ella cultivar y vivir”, afirma el antropólogo. (12)

La distribución de la tierra
Los guaraníes vinieron a esta región en dos grandes oleadas, según señala Súsnik. En la primera vinieron los proto-mbyá, de cultura neolítica de subsistencia, pequeñas comunidades socialmente exclusivistas y una abierta tendencia a moverse por los cursos de pequeños ríos y afluentes.
En la segunda oleada vinieron los proto-carios, grupos que manifestaban, según expresa Súsnik, “la tendencia al cultivo intensivo; el predominio de la cerámica pintada policroma, adoptada, al parecer, por influencia de los arawak en el transcurso migratorio; la formación de unidades societarias mayores a base de un principio inclusivista e integracionista; la movilidad preferente con canoas, siendo abiertamente cultivadores-canoeros con un verdadero ethos antropodinámico…” (13)
Los guaraníes precolombinos se agrupaban socialmente en territorios bien delimitados donde se practicaban, además de los cultivos, la caza y la pesca. También era el lugar de la vida social, de la transmisión cultural a las nuevas generaciones; era una unidad socio-político-territorial llamada “guara”. (14)
Este concepto de “guara” no interpreta un organismo sociopolítico propiamente dicho; se basa en la comunidad de intereses y en la solidaridad o reciprocidad de vínculos sociales que unían varios grupos patrilineales. (15)
El territorio del “guara” aseguraba tierras suficientes para los extensivos y expansivos rozados y cazaderos; transgredir sus límites significaba la hostilidad o guerra con tácita respuesta vengativa. (16)
Los cultivos precolombinos
Cuando los españoles pisaron tierras americanas sobrevivieron gracias a que fueron alimentados por los indígenas, quienes les brindaron comida procedente de la caza, la pesca y de los cultivos propios de esa tierra.
En la expedición de don Pedro de Mendoza que zarpó de España en 1534 y recorrió el Paraguay y el Río de la Plata, llegó un tripulante, el alemán Ulrico Schmidl, que describe los varios cultivos y hortalizas que los indígenas de la zona les ofrecían. 
Schmidl narra el encuentro con los guaraníes denominados “carios” quienes establecieron buenas relaciones con los españoles al inicio y fueron claves para la supervivencia de los expedicionarios.
“Sobre este Río Paraboe (Paraguay) viven carios que tienen trigo turco (maíz) y una raíz que se llama mandioca y otras buenas raíces más que se llaman batatas y mandioca-poropí y mandioca-pepirá. La raíz de la batata se parece a una manzana y tiene el mismo gusto; la mandioca-poropí tiene un gusto como castaña. De la mandioca-pepirá se hace un vino que toman los indios”, detalla Schimdl. (18)
El soldado de origen alemán comenta todas las dificultades y penurias que sobrellevó la famosa expedición, siendo la falta de alimentos uno de los problemas principales cuando no tenían la ayuda de los indígenas.
“Después que dejamos a los agaces (indígenas con quienes habían combatido), vinimos a una nación que se llaman carios y hay cincuenta leguas de camino desde los agaces. Ahí nos dio Dios el Todopoderoso su gracia divina que entre los susodichos carios o guaranís hallamos trigo turco o maíz y mandiotín, batatas, mandioca-poropí, mandioca-pepirá, maní, bocaja y otros alimentos más, también pescado y carne, venados, puercos del monte, avestruces, ovejas indias, conejos, gallinas y gansos y otras salvajinas las que no puedo describir todo esta vez. También hay en divina abundancia la miel de la cual se hace el vino; tienen también muchísimo algodón en la tierra”. (19)
De su encuentro con los payaguás, quienes posteriormente matarían a Juan de Ayolas, Schmidl cuenta que preguntaron a éstos sobre otra nación, los caracarás, descritos en ese momento como poseedores de “mucha comida; trigo turco (maíz), mandioca y maní, batatas, bocaja, mandioca-poropí, mandiotín, mandioca-pepirá y otras raíces más, carne de las ovejas indias, venados, conejos, gansos y gallinas en abundancia”. (20)
En expediciones previas se encontraron con una nación llamada surucusis quienes “tenían pescado y carne y trigo turco (maíz) y mandioca, también otra raíz que se llama maní y se parece a las avellanas”, detalla Schmidl (21). Más adelante menciona que también tienen batatas, pescado y carne en abundancia, motivo por el cual permanecieron 14 días con ellos. (22)
Notas:
1- MELIÀ, Bartomeu, “El Guaraní. Experiencia religiosa”, Biblioteca Paraguaya de Antropología CEADUC-CEPAG, Asunción, 1991, p14.
2- ZANARDINI, José, “Los Pueblos Indígenas del Paraguay”, El Lector, Asunción.
3- Ibid
4- Ibid
5- Ibid
6- SúSNIK, Branislava y Miguel Chase Sardi, “Los indios del Paraguay”, Editorial Mapfre, Madrid, 1995, p 14.
7- MELIÀ, ibid p 63.
8- SúSNIK, ibid p 30.
9- MELIÀ, ibid p 64.
10- Ibid.
11- Ibid.
12- Ibid pp 65-66.
13- SúSNIK, ibid p 33.
14- ZANARDINI, ibid…
15- SúSNIK, ibid p 35.
16- Ibid
17- Ibid p 36.
18- SCHMIDL, Ulrico, “Derrotero y viaje a España y las Indias”, Biblioteca Universal Virtual, 2003, p 12.
19- Ibid, p 15.
20- Ibid, p 19.
21- Ibid p 26.
22- Ibid p 28.
Bibliografía consultada
- MELIÀ, Bartomeu, “El Guaraní. Experiencia religiosa”, Biblioteca Paraguaya de Antropología CEADUC-CEPAG, Asunción, 1991.
- ZANARDINI, José, “Los Pueblos Indígenas del Paraguay”, El Lector, Asunción.
- SúSNIK, Branislava y Miguel Chase Sardi, “Los indios del Paraguay”, Editorial Mapfre, Madrid, 1995.
- SCHMIDL, Ulrico, “Derrotero y viaje a España y las Indias”, Editorial del Cardo, 2003.
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La agricultura en la colonia
Auge de la yerba y el tabaco
La presencia de los colonos europeos en América y el Paraguay obedeció, entre otros factores, a la búsqueda de riquezas, sobre todo de oro y otros metales preciosos, aunque también los recursos vegetales eran considerados valiosos productos.
Hipólito Sánchez Quell señala que todo se inició por la búsqueda de especias procedentes de Oriente, un interés que se complementó además con el anhelo espiritual de difundir un credo religioso y extender el señorío de las distintas naciones europeas y el vasallaje a sus reyes.
Al llegar a territorio americano, los españoles sobrevivieron con productos agrícolas y otros alimentos dados por los indígenas. Una vez instalados, siguieron cultivando estos rubros de consumo y comercializándolos a su vez. Más tarde, trajeron las plantas alimenticias de Europa buscando aclimatarlas en algunas zonas.
El Paraguay colonial se convirtió en un centro de conquista y madre de ciudades gracias a su tan rica economía agrícola, que si bien básicamente era de subsistencia, más adelante aparecen rubros de exportación como la yerba mate, el tabaco y tejidos de algodón, entre otros.
El relato de Hipólito Sánchez Quell nos pinta aquellos primeros años de la agricultura en el país: “El origen de la agricultura paraguaya es guaraní. En las chacras predominaban las plantas incorporadas por el indio a la agricultura universal. Los métodos de cultivo eran los rudimentarios de los guaraníes. Todo revelaba una marcada influencia de los hábitos indígenas. Los productos principales eran: el avati (maíz), el mandi’o (mandioca), el manduvi (maní), el jety (batata), el andai (calabaza), el kumanda (poroto) y el mandyju (algodonero).
En 1538, es decir, al año siguiente de la fundación de Asunción, los españoles realizaron la primera cosecha. Entre otros productos, recogieron 420 fanegas de maíz y 45 fanegas de poroto. La segunda cosecha, realizada en 1539, produjo 160 fanegas de maíz y 218 de porotos. En el mismo año, de la mandioca industrializada se extrajeron 400 quintales de almidón. Y tres años después se construían dos silos para conservar los granos del diezmo real.” (23)

La yerba mate
En los primeros años de la colonia en territorio paraguayo, el ka’a o yerba mate se convirtió en el rubro por excelencia para la exportación, pero estuvo siempre controlado y manejado por el Estado.
Durante los primeros años, los colonizadores usaron la infusión de yerba mate estrictamente para fines medicinales, pero luego aprendieron a valorar sus vigorizantes cualidades dadas por su alto contenido de cafeína. Preparaban y bebían el té de la misma manera que hoy en día. (24)
El historiador norteamericano Tomas Whigham señala que, en principio, los colonizadores españoles veían el uso de la yerba como un vicio, pero este juicio cambió tras las posibilidades económicas que la yerba proporcionaba. “Como la yerba era una producción espontánea de la tierra, en la legislación española fue considerada como un mineral. Como los otros minerales, podía ser explotada por personas privadas bajo un sistema de licencia (beneficios), el dueño sin reservas era el monarca. El Rey reconoció tarde el valor potencial de su posesión”, afirma el estudioso. (25)
Margarita Durán dice, por su parte, que pronto los ríos se cubrieron de embarcaciones cargadas de yerba y las caravanas de carretas partieron hacia todas las direcciones. “No se hicieron esperar los impuestos de las oficinas receptoras y el ‘oro verde paraguayo’ benefició a la voracidad fiscal antes que a la castigada economía paraguaya”. (26)
En 1680, la yerba mate pagaba por impuesto en Santa Fe, para llegar a Buenos Aires, medio peso por cada arroba, y un peso si iba al Perú o Tucumán. En 1701 este monto se duplicó y, a pesar de las protestas, llegó a pagar tributos mayores que cualquier otro rubro; en 1778 rendía a la Real Hacienda diez veces más de su valor, mientras que el oro pagaba un quinto de su valor. (27)
El Estanco del tabaco
La agricultura campesina como producción para la exportación comienza con las reformas borbónicas del rey Carlos III, hacia 1770. Milda Rivarola explica que recién entonces los campesinos se ponen a explotar el tabaco, que era muy bueno, y reciben incluso ventajas, como la exoneración del servicio militar y el pago en dinero, cosa que no era habitual en la colonia. (28)
“Recién en el siglo XVIII se descubrió que el tabaco o ‘pety’ podía llegar a ser otra fuente más de beneficios fiscales. En 1779 la Real Hacienda monopolizó su compra y su comercialización estableciendo el Estanco del Tabaco”, señala. (29)
El campesino paraguayo vendía el tabaco en rama al Estado a un peso y cuatro reales, para luego ser vendido a 12 pesos y medio, quedándose así con un amplio margen de ganancia y convirtiéndose en uno de los principales rubros de la economía paraguaya.
Nuevamente, los altos impuestos arremetieron esta vez contra el tabaco, pero a esto se sumaron las compras fraudulentas de proveedores. Margarita Durán reproduce un texto de la época que señala el fraude:
“Los cosecheros traían en sus carretas todo el tabaco que recogían; se reconocía y el que se daba por no bueno, se devolvía: el elegido se pagaba a dos pesos la arroba, que la Renta vendía luego a 9 pesos 3 reales. El precio de 2 arrobas no aumentaba por malo que hubiera sido el año. Los factores (de la factoría) tenían comisionados que disimuladamente salían a comprar el tabaco desechado. El pobre labrador que se veía obligado a volver a su domicilio con las carretas cargadas, estando éste distante diez, veinte o más leguas, se veía en la necesidad de vender su tabaco por la mitad o menos de su valor; y este mismo tabaco volvía a la factoría y se cargaba a la renta por el precio ordinario de 2 pesos por arroba”. (30)
Introducción de nuevos rubros de cultivo
“A mediados del siglo XVI se introdujeron varios productos de procedencia extranjera, cuyo cultivo se generalizó al poco tiempo. En los últimos años del gobierno de Irala se introdujo la caña de azúcar. En el mismo tiempo se introducían también el trigo, el arroz, la cebada y la vid. En la época de Francisco Ortiz de Vergara, abundaban ya no solo esos productos, sino también granadas, higos, naranjas, limas, sidras, etcétera. En 1573, los melones figuraban asimismo entre las frutas más cultivadas en Asunción. Martín de Orué aseguraba que cerca de Asunción hay los mejores y más hermosos pastos y aguadas del mundo y tierras de labor. A fines del siglo XVI, según pudo comprobar en una visita el gobernador Hernando Arias de Saavedra, existían en los alrededores de Asunción 399 alquerías y granjas”, señala Hipólito Sánchez. (31)
Juan Bautista Rivarola Paoli escribe que el maíz, la papa y el tabaco son los primeros elementos que toma el español, y a cambio da al Nuevo Mundo el trigo, la cebada, el arroz, la morera, el centeno, las viñas, los naranjos, manzanos, almendros, limones, olivos, las peras, los ciruelos, el lirio y la rosa.
“De Canarias embarcan la caña de azúcar, los cerdos y los plátanos. Legumbres y hortalizas, espárragos, melones, azafrán, higos, albaricoques, olivos, el caballo, la cabra, el perro, la oveja...”, describe Rivarola Paoli. (32)
Félix de Azara, en su descripción del Paraguay colonial, señala la introducción del trigo y la vid como productos mínimamente sembrados, pero explotados al fin, en manos de los españoles.
Sobre el trigo, Azara dice que “se sabe que la zona tórrida no produce trigo. Aun en lo restante de las provincias del Paraguay y Misiones se siembra muy poco, y produce cuando mucho tres o cuatro por uno. Consta sin embargo que poco después de la Conquista, se llevaba a vender trigo del Paraguay a Buenos Aires: lo que no podía suceder si no por la mayor facilidad de sembrarlo, habiendo más indios o brazos”. (33).
Asimismo, la vid fue otro rubro que pasó a convertirse en un nuevo, aunque mínimo, producto de explotación y exportación. “Consta igualmente que el año de 1602 había en las cercanías de la capital del Paraguay muy cerca de dos millones de vides, y que de allí llevaban vino a vender en Buenos Aires”, dice Azara (34). En esta época surgen las nuevas técnicas de cultivo, la industrialización y la relación con el indígena toma un camino de aculturación introduciendo los sistemas de encomienda, yanaconazgo y esclavitud para la explotación del agro.
Las misiones jesuíticas
Los jesuitas llegaron a Paraguay en tiempos del gobernador Hernandarias e iniciaron su labor misionera en el Guairá fundando las reducciones de San Ignacio Mini o de Yabebyry, en 1610.
Los jesuitas ocuparon zonas de Paraguay, Argentina, Uruguay y parte de Brasil, y dividieron su territorio en: Tupa mba’e (tierra de Dios), tierras ideales para el cultivo y pastoreo administradas por los jesuitas para fondos y fines comunitarios; áva mba’e (tierra de los indígenas), con tierras de menor calidad. Cada pueblo estaba formado por unas 20 tribus, la tierra estaba dividida en Tava mba’e (Tava = Aldea) para sostén de ancianos, enfermos y desválidos. Todo lo que se producía en el Tupa mba’e era repartido entre la Compañía de Jesús y el presupuesto de los servicios públicos de cada pueblo. Tenían una buena organización y contaban incluso con un ejército para defenderse de los ataques de “mamelucos” o “paulistas” del este. (35)
Lo producido en las misiones no tributaba prácticamente a la gobernación de la provincia por las ventajas que se habían otorgado a los religiosos, cuyo manejo administrativo era cerrado. Al ser desalojados en 1768 (por decreto del Rey del 27 de febrero de 1767) no quedaron documentos de comercio.
Azara señala: “No daban los padres curas licencia a nadie para trabajar en utilidad propia, precisando a todos sin distinción de edad ni de sexo, a trabajar para la comunidad del pueblo cuidando el mismo cura de alimentar y vestir igualmente a todos. Para esto almacenaban todos los frutos de la agricultura y los productos de la industria dando la salida más ventajosa en las ciudades españolas a los sobrantes de algodón, lienzos, tabaco, menestra, cueros al pelo, yerbas del Paraguay y maderas, conduciéndolo en embarcaciones propias por los ríos más cercanos, trayendo en retorno herramientas y lo que habían menester”. (36)
La producción de tejidos a partir del algodón también se vuelve un rubro importante. Existe una cosecha abundante de algodón, los hombres manejan telares, las mujeres hilan, y vestían a unas 150 mil indígenas y a compradores de España. Hubo 38 telares solamente en Yapeyú (Argentina) donde tejían algodón y lana de Misiones y Corrientes (37). Las telas eran sencillas, gruesas y de hilos torcidos en variedad de colores (utilizaban colorantes vegetales).
Notas:
23 SáNCHEZ Quell, Hipólito, “Estructura y función del Paraguay colonial”, Editorial Casa América, Asunción-Paraguay, 1972.
24 WHIGHAM, Tomas, “La Yerba Mate del Paraguay (1780-1870)”, Centro de Estudios Sociológicos, Serie: Historia Social, Asunción-Paraguay, 1991.
25 Ibid.
26 DURáN Estragó, Margarita, y otros, “Crónica Ilustrada del Paraguay” Vol 1, Distribuidora Quevedo de Ediciones, Buenos Aires, 1997, p 174.
27 Ibid p 176.
28 Entrevista a Milda Rivarola.
29 DURáN, ibid p 176.
30 Ibid, p 177.
31 SáNCHEZ, ibid.
32 RIVAROLA Paoli, Juan Bautista, “La economía colonial”, Editora Litocolor, Asunción-Paraguay, 1986.
33 AZARA, Felix de, “Descripción e Historia del Paraguay y el Río de la Plata”, Félix de Azara, Imprenta de Sanchiz, Madrid, 1847.
34 Ibid.
35 MARTíNEZ Cuevas, Efraín, “Los eslabones del oro blanco. La historia del algodón en el Paraguay”, La Rural Ediciones, Asunción-Paraguay, 1984, p 48.
36 AZARA, ibid p 276.
37 PLá, Josefina, “Las artesanías en el Paraguay”, Casa América, Asunción, 1969, p. 37.
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